Elogio de la Fragilidad | FNA
ELOGIO DE LA FRAGILIDAD
Nil Omne
Todo es nada; la leyenda está escrita en latín, sobre una mesa, junto a un cráneo humano y un reloj de arena en una pintura del siglo XVII, atribuida a Antonio de Pereda. La pintura es una vanitas, de hecho su título es “Alegoría de la vanidad de la vida”, una entre muchas representaciones de esta clase que recorren ese siglo en que la tierra dejó de ser el centro del universo y el hombre el centro de la creación. El barroco había sumido definitivamente a Occidente en la incertidumbre y el vértigo del descentramiento y lo había enfrentado a su insignificancia, a su finitud. Algunos teóricos como Omar Calabrese califican nuestra época como neobarroca, y esa denominación parece bastante adecuada si consideramos que, finalizada la era de las utopías, nuestro tiempo parece ser más bien, -para utilizar un concepto de Gilles Lipovetsky-; la era del vacío, un tiempo carente de sentido, a menos que estemos felices con nuestro destino inevitable de meros consumidores. Gran parte del arte contemporáneo refleja esa inseguridad y ese vacío, a través de obras o acciones que aluden a la fragilidad, lo sutil, lo efímero o la caducidad, desde el soporte o el contenido. Vivimos una época en que el presente parece invadir las otras dimensiones del tiempo, la práctica del zapping es un buen ejemplo –y sólo uno-; si no hay relato, no hay historia y paradójicamente, este eterno presente, que no es precisamente el del pensamiento místico oriental, sino más bien el del hiperconsumo globalizado, produce a pesar de sus efectos anestésicos, una sensación de incertidumbre, de zozobra; no hay un pasado que reivindicar, no hay un futuro mejor en el horizonte. El arte no es ajeno a esta situación, la enorme dispersión de lenguajes y soportes, el mestizaje, la banalidad y la compleja operación de decidir cuándo hay arte son bastante ilustrativos. Vivimos en medio de las falsas promesas de la publicidad omnipresente y del centro comercial global, tal vez, el mejor antídoto contra eso sea la clara conciencia de nuestra finitud, porque hay en nuestras vidas un momento, inevitable, en que somos plenamente concientes de la fragilidad de todas las cosas y de la nuestra en particular y en ese momento la existencia toma otro sentido y las promesas del mercado se desvanecen.
Esta muestra reúne a artistas de larga trayectoria con otros bastante más jóvenes, sus obras, en muchos casos, podrían ser consideradas como bellas, y eso nos recuerda que la belleza es efímera y está indisolublemente ligada a la finitud y la muerte, lo endeble de la existencia aparece en estos trabajos de muy diferentes formas, en materiales como la cera, el vidrio o el alambre, o en contenidos referidos a la fragilidad del universo psíquico o a la caducidad de la vida, la justicia, la tecnología, el ecosistema, o la memoria. No hay cráneos, ni relojes de arena, tampoco símbolos explícitos del poder y aún así, estas obras, en su conjunto o bien por separado, pueden ser leídas como vanitas, como un elogio de la fragilidad, un recordatorio y una crítica de la vanidad de la vida.
Marcelo Pelissier
Agosto de 2010



Marcos Luczkow

Anabela D'Alesandro

Alfredo Portillos

Que haré con el miedo, Carolina Gori


Amilcar Di Capua

Alejandro Tosso

Andrea Juan

Video - Roxana Buttazzoni

Cristina Ferreras
Artistas: Roxana buttazzoni, Anabela D’Alessandro, Amílcar Di Capua, León Ferrari, Cristina Ferreras, Carolina Gori, Andrea Juan, Marcos Luczkow, Alfredo Portillos, Alejandro Tosso.
Curador: Marcelo Pelissier
Inauguración: Martes 14 de septiembre a las 19:00 en el Fondo Nacional de las Artes, Alsina 673.
Cierre: 11 de octubre.
Horario: Lunes a viernes de 10:00 a 17:00.




1 Comentarios:
Hermoso blog, las obras son bellísimas.
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal